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Edmund Dulac (Francia. 1882 – 1953) – El amor entre dioses y mortales. (Ilustraciones) 1935

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Edmund Dulac (Francia. 1882 – 1953)Psique y Cerbero. 1935. Ilustración del libro de Hugh Ross Williamson, “amores entre dioses y mortales”
Psique era una mortal de la cual se enamoró el dios Eros, este por miedo a su madre Afrodita siempre se presentaba ante psique de noche y evitando que ella lo viera pero un día por influencia de sus dos hermanas la amante de Eros tomo una lámpara mientras el dios dormía y lo vio haciendo que se fuera.
Entonces Psique le pide a Afrodita que le devuelva el amor de su amado dios y esta le encarga cuatro tareas la última de las cuales era bajar al Hades y llevar un poco de la belleza de Perséfone a la diosa del amor pues la diosa había perdido un poco de este don cuando apaciguaba a su hijo Eros quien sufría el desamor de Psique. Para entrar al inframundo Psique durmió al can cerbero con una torta o pastel.

Edmund Dulac nació en 1882 en Toulouse, Francia, manifestándose muy pronto su inclinación artística.  Existiendo dibujos de sus primeros años de adolescencia. Muchos de estos primeros esfuerzos son acuarelas, un medio que usaría a través de la mayor parte de su vida.

En 1935, Dulac ilustra un libro de Hugh Ross Williamson llamado El amor entre dioses y mortales, que contenía cuentos de diversas relaciones entre dioses míticos y humanos, la mayoría de las cuales terminan trágicamente.

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Edmund Dulac (Francia. 1882 – 1953) – Selene y Endimión. 1935. Ilustración del libro de Hugh Ross Williamson, “amores entre dioses y mortales”
La luna nunca fue objeto de un culto específico por parte de los antiguos griegos. Existía, no obstante, una divinidad lunar, Selene (en griego Σελήνη), hermana de Helios (el Sol) y de Eos (la aurora). Selene fue conocida sobre todo por sus amoríos con el joven pastor Endimión a quien vió una noche dormido sobre una cueva del monte Lamos, cerca de Mileto. Selene pidió entonces a Zeus que concediera a Endimión la vida eterna para que así nunca le abandonase. Alternativamente, Endimión tomó la decisión de dormir en un sueño perpetuo, del que sólo despertaba para recibir a Selene.
Cada noche, Selene bajaba a la cueva del monte Lamos para visitar a su amante dormido. De este amor nacieron cincuenta hijas. En el arte, Selene era representada como una mujer hermosa de rostro pálido, conduciendo un carro de plata tirado por un yugo de bueyes blancos o un par de caballos. A menudo era mostrada montando un caballo o un toro, vistiendo túnicas, llevando una media luna sobre su cabeza y portando una antorcha

La reinterpretación de los mitos es esencial si quieren sobrevivir.  Se han transmitido de una generación a otra como ciertas historias que se transmitían por vía oral. En el proceso, están constantemente embellecidos o a veces pierden su significado antiguo. En cualquier caso, son alterados por cada narrador. Los grandes mitos no son muchos en número, pero si lo suficientes como para dejarnos llevar por ellos. Racine, Goethe, Shakespeare, sabían muy bien por qué su uso era tan eficaz: el mito es como una llave que abre el alma más antipática a escribir (o el arte visual). Siempre he preferido el mito a la historia, porque la historia se compone de verdades que se convierten en mentiras, mientras el mito consiste en mentiras que se convierten en verdades! Esta última frase pertenece a  Jean Cocteau.

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Edmund Dulac (Francia. 1882 – 1953) – Perséfone y Plutón. 1935. Ilustración del libro de Hugh Ross Williamson, “amores entre dioses y mortales”
Deméter-Ceres, hermana de Zeus, diosa de la agricultura tenía una hija con la que estaba estrechamente unida: Perséfone-Prosérpina. Esta diosa crecía feliz entre las ninfas y otras doncellas haciendo la vida propia de la juventud que no se preocupa del matrimonio.
Un día en que estaba cogiendo flores en la pradera de Nisa, en las llanuras de Sicilia, en el momento en que se disponía a arrancar un narciso, súbitamente la tierra se abrió a su alrededor y apareció en su carro el dios de los Infiernos, Hades-Plutón , que se había enamorado de la joven. El dios descendió, salió al encuentro de la diosa y la raptó, llevándosela con él a las profundidades.
Esta acción la cometió con la complicidad de Zeus. La desolada madre de la joven la buscó en vano por toda la tierra durante nueve días y nueve noches en las que se ayudaba de una antorcha. Mientras tanto descuida sus tareas de diosa de la agricultura y la tierra en Grecia se vuelve estéril ocasionando un período de hambre. Zeus ordena a Hades, por medio de la diosa mensajera Iris, que devuelva la hija a su madre.
No va a ser ya posible porque Perséfone ha comido un grano de una granada cultivado en el Infierno y por tanto queda ya ligada a este lugar definitivamente.
La solución es el acuerdo que toman los tres dioses olímpicos: Perséfone dividirá el año entre su estancia en los Infiernos con Hades –lo que simboliza el invierno, ausencia de vegetación- y su regreso a la tierra con su madre que simboliza la primavera.

 

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Edmund Dulac (Francia. 1882 – 1953) – Andrómeda y Perseo. 1935. Ilustración del libro de Hugh Ross Williamson, “amores entre dioses y mortales”
Perseo era hijo de Zeus y de Dánae que a su vez era hija de Acrisio, el rey de Argos; Acrisio lo expulsó de Argos junto con su madre porque un oráculo había asegurado que mataría a su abuelo; cuando se hizo mayor mató a la Medusa, que convertía en piedra a todo el que la miraba, y regaló su cabeza a Atenea, quien desde entonces la lleva en su escudo.
Andrómeda, hija de Cefeo y de Casiopea, fue castigada a ser devorada por un monstruo marino enviado por Posidón, porque su madre había ofendido a Las Nereidas diciendo que era más bella que ellas.
Perseo la encuentra cuando viene de matar a la Medusa, mata al monstruo marino, la libera, se casan y después de varias aventuras llega con ella a la isla de Sérifos donde viven felices en compañía de Dánae.

 

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Edmund Dulac (Francia. 1882 – 1953) – Pan y la ninfa Siringa. 1935. Ilustración del libro de Hugh Ross Williamson, “amores entre dioses y mortales”
Siringa, era una ninfa de la Arcadia y en cierta ocasión, perseguida por Pan, huyó horrorizada y trató de esconderse entre la vegetación del agua del río Ladón (dios). Para salvarla del sátiro, Ladón convirtió a la ninfa en juncos de cáñamo, Pan la busca desesperadamente pero solo escucha el agradable sonido que producen los juncos al ser movidos por el viento. Sorprendido corta una de las cañas, la trocea y une sus partes con cera, construyendo así un instrumento musical: la Siringa o Flauta de Pan.

 

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Edmund Dulac (Francia. 1882 – 1953) – Eurídice y Orfeo. 1935. Ilustración del libro de Hugh Ross Williamson, “amores entre dioses y mortales”
Eurídice era una dríade (ninfa) y era a la esposa de Orfeo (poeta y músico divino).
Orfeo amaba profundamente a su bella esposa quien acostumbraba pasear con las náyades.
Una vez en que la bella Eurídece caminaba en uno de sus paseos, por un prado de Tracia fue vista -según Virgilo- por Arsisteo, quien prendado inmediatamente de ella, la persigue para hacerla suya. Ella escapa con gran velocidad y miedo, pues su corazón sólo le pertenece a Orfeo. En su huída, Eurídice es mordida por una serpiente y muere.
Orfeo, desconsolado la llora y su desesperación no encuentra consuelo, por lo que toma la arriesgada decisión de ir en busca de su dulce y amada esposa al Hades, la tierra de los muertos.
Con su dulce canto y su poesías, Orfeo logró conmover a Caronte, quien lo deja atravesar el río Estigia, límite entre el mundo de los vivos y los muertos. Después, también con sus habilidades artísticas Orfeo logra convencer a Perséfone y a Hades de que le permitan llevarse a Eurídice.
Las divinidades subterráneas aceptan que se la lleve, pero Orfeo debe prometer que no intentará ver a su esposa hasta que la haya llevado a la luz del sol.
Entonces, según lo convenido, Eurídice seguía a Orfeo en el camino hacia la luz, y en el momento en que estaban a punto de abandonar las oscuras profundidades, Orfeo tuvo dudas.
Así, empezó a pensar en la posibilidad de que Perséfone lo hubiera engañado y que Eurídice no viniera tras él, por lo que no pudo soportar la tentación y se volvió para mirarla y corroborar que ella venía con él.
Cuando esto ocurrió, Eurídice fue arrastrada por una fuerza irresistible otra vez hacia el Hades. Orfeo, desesperado, intenta ir de nuevo a rescatar a su amada, pero esta vez Caronte no se lo permite.
Orfeo regresó a la Tierra solo y desamparado y mantuvo fidelidad a su esposa hasta su muerte.

 

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Edmund Dulac (Francia. 1882 – 1953) – Jasón y Medea. 1935.
Ilustración del libro de Hugh Ross Williamson, “amores entre dioses y mortales”
La historia de Medea está estrechamente relacionada con la de Jasón. Éste emprende su viaje con los Argonautas para ir en busca del Vellocinio de Oro, que se encontraba en la Cólquide. El padre de Jasón, Esón, que era el rey de Yolco en Tesalia, es depuesto por su hermano Pelias, quien entonces intenta impedir que Jasón reclame el trono. Con la esperanza de que éste perezca en la expedición, le persuade de emprender la peligrosa búsqueda del Vellocino de oro. Jasón reúne a los cincuenta jóvenes más nobles de Grecia para que lo acompañen en el viaje a bordo del Argo.
Cuando la nave alcanza la Cólquide, el rey Eetes afirma que no entregará el Vellocinio a menos que Jasón supere una serie de pruebas demasiado duras. Medea, víctima de la acción de Eros y Afrodita, se enamora perdidamente de Jasón y le ayuda a superar dichas pruebas y llevarse el Vellocinio a cambio de que el héroe se case con ella y la lleve consigo, traicionando así a su familia y a su patria.
Medea y Jasón, junto con el resto de los Argonautas, zarpan, perseguidos por los colquidenses, entre los que se encuentra el padre de Medea. Para escapar de la persecución, ésta mata a su hermano Apsirto y dispersa sus restos en el mar, para que, de esta manera, Eetes pierda tiempo.
También se cuenta que Medea, temiendo ser entregada por los griegos para frenar la persecución, tiende una trampa a su hermano para que Jasón lo mate.
A su llegada a Yolco, descubren que Pelias es el responsable de la muerte de los padres de Jasón y éste le pide de nuevo ayuda a Medea para vengarse. Ella, obedeciendo a su amado, convence a las hijas de Pelias de que es capaz de rejuvenecer a las personas. Estas le piden que rejuvenezca a su padre que se encuentra ya en una edad bastante avanzada. Medea les muestra como hacerlo degollando a una oveja y poniendo sus trozos a hervir. Al momento, un cordero joven salta de la caldera de agua caliente. Convencidas las muchachas, repiten el experimento con su padre, pero al carecer de la magia de Medea, no consiguen que resucite, logrando así la maga su objetivo.
Jasón y Medea parten entonces hacia Corinto y allí tienen dos hijos. Pero toda la felicidad se acaba cuando Jasón rechaza a Medea para casarse con Glauce (o Creusa), hija del rey corintio, Creonte, por voluntad de éste. Entonces, el rey ordena el destierro de Medea. Ésta, asegurándose de que el rey Egeo la acogerá en su patria, pide un día más de estancia en Corinto, deseo que le es concedido. En ese día, mata a Glauce, enviándole un vestido envenenado. Cuando ésta se lo pone, creyéndolo regalo de boda y símbolo de reconciliación, se ve envuelta en un fuego abrasador que acaba también con la vida de su padre al intentar socorrerla. Acto seguido, temiendo que se tomaran reprimendas contra ellos, Medea mata a sus hijos y huye en un carro de fuego que le proporciona el dios Helios. Jasón se queda sin esposa y sin hijos haciéndose desgraciado y Medea, finalmente, se suicida.

 

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Edmund Dulac (Francia. 1882 – 1953) – Herackes y Deyanira. 1935. Ilustración del libro de Hugh Ross Williamson, “amores entre dioses y mortales”
Deyanira era la hija de Altea y Oineo (rey de Calidón), Dioniso o Dexámeno. Cuando su hermano Meleagro murió, todas sus hermanas lamentaron su muerte en su tumba. Artemisa, enfadada, las tocó con su vara convirtiéndolas en pájaros, con la excepción de Deyanira y Gorge, que pudieron retener su forma humana gracias a la intervención de Dioniso.
Su padre la prometió en matrimonio al temible dios-río Aqueloo. Sin embargo Deyanira no era una princesa pasiva, pues «conducía un carro y practicaba el arte de la guerra», como señala Apolodoro, y no quería tener nada que ver con su pretendiente, quien podía tomar la forma de una serpiente o un toro. Heracles, el mayor héroe del antiguo mundo olímpico, luchó con Aqueloo por la mano de Deyanira y derrotó al dios-río. Posteriormente ella y Heracles tendrían una hija llamada Macaria.
La historial principal de Deyanira es la de la túnica de Neso. Un centauro salvaje llamado Neso intentó violar a Deyanira mientras la ayudaba a cruzar el río Euneo. Heracles vio lo que ocurría desde el otro lado de un río y le disparó una flecha envenenada al pecho. Agonizando, Neso mintió a Deyanira contándole que la sangre de su corazón aseguraría que Heracles le amase para siempre. Deyanira creyó sus palabras y guardó un poco de dicho veneno. Cuando su confianza en Heracles empezó a menguar, untó su famosa túnica de cuero con la sangre. Licas, el siervo de Heracles, le llevó su túnica y cuando se la puso, Heracles murió lenta y dolorosamente cuando ésta quemó (con llamas reales o por el calor del veneno) su piel. Desesperada al ver lo que había hecho, Deyanira se suicidó ahorcándose.

 

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Edmund Dulac (Francia. 1882 – 1953) – Afrodita y Adonis. 1935. Ilustración del libro de Hugh Ross Williamson, “amores entre dioses y mortales”
En la mitología griega se supone que Adonis es hijo de Cíniras. rey de Chipre, y de su hija Mirra o Esmirna. Dado que Mirra no adoraba a Afrodita, diosa del amor, ésta la castigó haciendo que se enamorase de su padre. Con la ayuda de una de las doncellas de su servicio. Mirra consiguió dormir con Cíniras varias veces sin que él se diese cuenta de que estaba haciendo el amor con su hija. Cuando finalmente descubrió que había cometido incesto, sacó su espada, indignado, con el propósito de matarla, pero Mirra, ya embarazada, escapó y los dioses la convirtieron en una planta, el arrayán. Finalmente, el arbusto se partió y de ahí nació Adonis, cuya belleza ya sorprendía incluso siendo un bebé. Afrodita no se encontraba complacida con esta circunstancia y ocultó al pequeño Adonis en un cajón y se lo llevó a Perséfone, diosa del Averno. Cuando Perséfone miró dentro del cajón quedó prendada y llevó al pequeño a su propio palacio, rechazando devolvérselo a la diosa del amor.
Zeus no quiso pasar inadvertido en esta historia y decidió que el niño debería pasar una tercera parte del año con Afrodita, otra con Perséfone y el resto del tiempo, solo. De acuerdo con otra interpretación, la musa Calíope hizo de Juez en la disputa y ordenó que Adonis tendría que permanecer seis meses con cada diosa.
En cualquier caso. Afrodita quedó hechizada por el Influjo de la belleza de Adonis, lo que significaba que estaba perdidamente enamorada de un mortal. Su felicidad duró poco pese a todo. Ella misma se había temido todo esto y había advertido al propio Adonis de manera clara para que tuviera cuidado cuando saliese de caza. Afrodita Insistía en que sería mejor que se dedicase a tareas más útiles. Pero el Joven era muy Inquieto e hizo oídos sordos a su advertencia, y durante una cacería fue atacado por un jabalí. No queda claro si fue la ofendida Perséfone la que había persuadido al amante celoso de Afrodita. Ares, para que llevase a cabo el ataque. El incidente acabó con la vida de Adonis, y la inconsolable Afrodita hizo brotar anémonas rojas de cada gota de sangre vertida.
De acuerdo a las distintas versiones del mito. Zeus permitió que Adonis resucitase durante la primavera y el verano, de manera que pudiese pasar el periodo de tiempo establecido con Afrodita.
Adonis, cuyo nombre se usa todavía para describir la belleza masculina, era. en principio, el dios de la vegetación. Su leyenda, al igual que la de Perséfone. está unida al cambio de las estaciones, en el que la naturaleza muere para revitalizarse de nuevo

 

Atte: Arsenal Le Comte.

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