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Capricornio – El arte del genio Salvador Dalí (Figueras, España. 1904 – 1989)

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Salvador Dalí (Figueras, España. 1904 – 1989) – Los signos del zodiaco. “Capricornio” 1967. Litografías sobre papel gouache.

Salvador Dalí (Figueras, España. 1904 – 1989)

Los signos del zodiaco. “Capricornio” 1967. Litografías sobre papel gouache.

En 1967, el publicista Leon Amiel encargó a Salvador Dalí una serie de litografías con un tema muy especial, los signos del zodiaco. Esta serie limitada de 250 ejemplares del excéntrico genio que era de signo Tauro, todavía puede comprarse por varios miles de dólares aquí.

Para ver la serie completa y más info os dejo un resumen aquí

Atte: Arsenal Le Comte Arts

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La Piedad Invertida – Javier Castillo Zurita, por encargo de Marina Vargas. (Neobarroco)

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La Piedad invertida o la Madre muerta, Javier Castillo Zurita, bajo encargo de Marina Vargas. Modelado en barro blanco tamaño natural.Molde y positivo en resina+GelCoat. 2012. 152 x 138 x 96 cm
. Marina realizo varias interpretaciones de esta obra realizandolas con resina de poliester y después policromándola

– La Piedad invertida o la Madre Muerta –

A simple vista, esta escultura ideada por Marina Vargas, 
vemos que hace referencia a La Piedad de Miguel Ángel. 
Pero también se inspira en las famosas piezas de Bernini llamadas 
“Theatrum Sacrum”, como, por ejemplo, El éxtasis de Santa Teresa 
y el de la Beata Ludovica Albetoni

Marina Vargas (Granada, 1980)

Se forma en Bellas Artes en la Universidad de Granada y ha mostrado su obra en las ciudades de Granada, Sevilla, Córdoba, Málaga, Milán, Nueva York, México, Monterrey o La Habana, ganadora de premios como el INJUVE (Madrid) y INJUVE (Málaga), ambos en 2008, Premio Internacional de Pintura Focus Abengoa (accésit) en 2008, o las Becas de Creación Iniciarte (Sevilla) en 2009, o la otorgada por la Fundación Antonio Gala, en 2006, entre otros.

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Marina Vargas junto a su obra de la Piedad invertida o La Madre muerta.

Marina Vargas, le encargó el modelaje de esta obra al escultor Javier Castillo Zurita, (aquí a continuación, os dejo un video de su proceso), realizándola en barro blanco. Con ella a realizado varias interpretaciones a cada cual más bella e impactante con resina de poliester.

He conocido esta obra hechando una ojeada a las obras que se expusieron en  ARCO de Madrid en el 2014, buscando algo nuevo contemporaneo, o alguna pieza blasfema de las que habitualmente aquí se exponen. Cuando de repente vi esta imagen dejándome impactado por su belleza, profundidad y desgarro. Viendo una imagen de un Jesús sereno, pausado y doliente, sosteniendo en brazos la agonía de su Madre,  un cadáver yaciente, sin sostener nada en la mano, pues en otras versiones sostiene un corazón sangrante en ella. Que impacto, que fuerza la interpretación actual que hace Marina de la famosa Piedad de Miguel Ángel, pero en la que el hijo es el que lleva en brazos a la madre.

Neobarroco, con una muy cuidada puesta en escena, produciéndome un diálogo interior de mis ideas preconcebidas de mi educación cristiana. Feminidad, violencia por lo trágico de la muerte y el amor con que el hijo sostiene en la muerte a su madre, dan vueltas en mi interior admirando la creacion con un simbolismo alusionando a Miguel Angel con una identidad contemporanea.

Logra generarme dudas, sensaciones, sentimientos, comparaciones, al ver esta obra cargada de dramatismo, brutalidad y belleza combinada, donde la madre es ungida por la caricia del otro, aquel que más la adora, entregándole con ello su deidad, provocándome reacciones ante el amor, la muerte y porqué no, dudas en la fe.

Las distintas interpretaciones que hace Marina de la Piedad invertida, están realizadas con resina de poliester policromada, con unas medidas de 152 x 138 x 96 cm. O sea son de tamaño natural. Todas representan la escena de la Piedad vaticana de Miguel Angel con la salvedad que las de Marina, la muerta es la Virgen, que está sostenida por Jesús. La escena es acojonante, aunque cuando nos fijemos en el rostro de la virgen, comparándolo con la Piedad del vaticano, ya no parece una joven dolorosa, si no más bien una santa en éxtasis.

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Detalle de la cabeza de la vigen, donde podemos apreciar que ya no es el rostro de una virgen dolorosa, si no que se asemeja más a una santa en éxtasis, recordándonos a la Santa Teresa de Bernini.

Cómo véis su expresión es cercana al Extasis de Santa Teresa de Bernini, incluso con la caida del brazo, ¿abatida, extasiada? probablemente una magnífica expresión de dolor nacida de la mano de Javier (no olvidemos, que fue el autor de la pieza original para después hacer el molde). En cuanto a su cuerpo, no va tan recatada como suelen representarnos a la virgen, el cuello del vestido, nos deja adivinar un escote, y sus piernas, no son sólo insinuadas, sino que se dejan ver por debajo del vestido. En cambio la expresión del Cristo, es neutra, reflejando más bien pasividad, que no la pena esperada por la situación.

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Detalle del proceso de modelaje de la figura a cargo de Javier Castillo Zurita

Sin embargo de todas las versiones que nos ha realizado Marina, la que más me ha impactado es la realizada en enero del 2014 en la Galería Javier Lopez de Madrid, titulada: Marina Vargas; La muerte por las manos

La composición está formada por dos piedades invertidas, enfrentadas y cohesionadas en una performance sublime. Donde, La Piedad “Externa” de color blanco, sujeta el corazón sangrante de La Piedad “Interna” de color rojo, a la cual le falta el corazón. Es importante destacar el revestimiento de la escultura, que parece esgrafiada con hilos dorados que se entrelazan como finas ramas posándose sobre la figura. Según palabras de la artista son como venas (ella misma las llama “entrañas”), buscando de esta manera sacar fuera lo que escondemos, como un campo energético interior descrito con un entramado de líneas de luz.

 

Según palabras de Marina:

Mi primera intención al invertir los papeles de La Piedad de Miguel Ángel fue la de humanizar una imagen sagrada. Pues lo más natural es que a un hijo se le muera un padre. Pero también quería situarme en ese fino límite entre lo sagrado y lo profano, para reivindicar un regreso a lo femenino, desde lo primigenio. Y por supuesto para evidenciar el poder y el papel de la mujer en lo religioso. Son aspectos que aún están flotando en la sociedad en la que vivimos y que tienen que ver mucho con la política.

 

Un detalle de estas obras es que cada una de ellas, lleva en su interior según palabras de la autora, en las entrañas, algo dentro que es como una recarga extra simbólica… “La primera Piedad invertida, por ejemplo, lleva una caja con una inscripción en su exterior: QUE NADA NI NADIE ME CORTE LAS ALAS. Su interior contiene elementos y objetos que he guardado mucho tiempo conmigo y me han acompañado… De estos objetos no doy ninguna información porque es mi secreto… Es como un altar dentro de otro…”.

Explicaba Marina Vargas en una entrevista a Fer Francés (@FerFrances1) “La Piedad Invertida responde a invertir nuevamente los valores, humanizando la historia. Pues lo natural es que a un hijo se le muera un padre y no al revés. Se trata de una inversión de la pieza como ídolo y no como imagen (…) el tamaño debía ser a escala humana. Muerta la madre de Dios, muere la matriz, la energía creadora y no existe Dios. Al invertirse el concepto, se invierten los poderes. Y lo sagrado y lo profano prácticamente están ligados y al límite”.

Aqui os dejo un enlace a la web de Marina Vargas.

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Imagen de las dos obras enfrentadas en la galería Javier Lopez de Madrid

 

 

Atte: Arsenal Le Comte

Fernando Yañez de la Almedina – Santa Catalina.

Yañez de la Almedina - Santa Catalina
Fernando Yañez de la Almedina. (Almedina, España. 1475 – 1540) – Santa Catalina. Entre 1505 – 1510. Óleo sobre tabla. 212 x 112 cm. Museo del Prado, Madrid, España

Fernando Yañez de la Almedina. (Almedina, España. 1475 – 1540). fue un destacado pintor renacentista que introdujo en España las enseñanzas de Leonardo da Vinci después de regresar de Italia en 1506. Ese año se instaló en Valencia y realizó en colaboración con Fernando de los Llanos el Retablo de los Santos Médicos para la iglesia catedral basílica metropolita de la Asunción de Nuestra Señora de Valencia. Entre 1526 y 1531 trabajó en la catedral de Santa María y San Julián de Cuenca, destacando el Retablo La adoración de los pastores. Su obra maestra es la que aquí os traemos, Santa Catalina (realizada entre 1505 y 1510).

La historia de Catalina, santa de origen oriental que murió en el siglo IV en Alejandría, fue popularizada en Occidente por la “Leyenda Dorada”, una célebre recopilación de vidas de santos escrita en latín en el siglo XIII por el dominico genovés Santiago de la Vorágine.

Catalina nació en el seno de una familia ilustre, ya que, según la tradición, era de sangre real. Ya desde niña se había entregado al estudio de las artes y las ciencias, adquiriendo con el tiempo extensos y profundos conocimientos en estas materias.

Maximino II, que compartía por entonces la corona imperial con Constantino el Grande y con Licinio, había elegido la ciudad de Alejandría como capital de su parte del Imperio. Pronto inició la persecución de los cristianos y ordenó la matanza de todos aquellos que se negaran a ofrecer sacrificios a los dioses.

Catalina, que se había convertido al cristianismo, se presentó ante el emperador, mantuvo con él una larga digresión sobre las verdades de la fe cristiana, y se negó a adorar a los dioses. Más tarde, en público debate, confundió con sus argumentos a cincuenta sabios paganos, por lo que es considerada patrona de la Filosofía.

Tras una serie de avatares, la Santa fue finalmente condenada a sufrir una terrible tortura. El emperador ordenó que fuera colocada entre cuatro ruedas cuajadas de agudísimos clavos y de pequeñas sierras dentadas, con la idea de que dos girasen en un sentido y las otras dos en sentido contrario; de esta forma Catalina, colocada en medio, quedaría destrozada. En el instante en que se puso en funcionamiento tan siniestro aparato, un ángel hizo saltar las ruedas, con tal fuerza, que, al dispersarse los fragmentos, mataron a cuatro mil espectadores, todos ellos paganos. Santa Catalina murió finalmente decapitada en el año 307 y su cuerpo fue transportado por los ángeles al monte Sinaí.

Sus atributos específicos son: una rueda rota con púas aceradas en recuerdo de su tormento, la espada con la que fue decapitada, un libro y una corona que aluden respectivamente a su sabiduría y a su estirpe real. La palma sobre el libro, que aquí la acompaña, es atributo generalizado de los santos mártires.

Esta Santa Catalina ha sido considerada unánimemente por la crítica como una de las figuras más bellas del Renacimiento español. Fue realizada por Fernando Yáñez de la Almedina, un pintor castellano que trabajó un tiempo en Valencia en la primera mitad del siglo XVI, y al que se le supone una primera formación en Florencia, tal vez en el taller de Leonardo da Vinci.

Yáñez de la Almedina representa a santa Catalina en primer término de cuerpo entero de pie, delante de una arquitectura, en la parte baja renacentista, asemejando mármol, y en la parte alta morisca, imitando piedra y ladrillo. Aparecen los símbolos martiriales que identifican a santa Catalina: a sus pies la rueda dentada y en su mano derecha la espada con la que fue decapitada; otros símbolos son la corona, que alude a su ascendencia real, el libro en referencia a su sabiduría y la palma que dice que murió siendo virgen. Santa Catalina está vestida con telas lujosas para simbolizar su origen aristocrático; las telas son pesadas, en color azul, oro y rojo, adornadas al modo morisco, con motivos epigráficos; la santa recoge con su mano derecha la túnica formando pliegues angulosos; y adornada con nimbo, velo y un collar de perlas, oro y piedras preciosas. La disposición vertical de santa Catalina se compensa con el movimiento suave de los brazos y la monumentalidad por la expresión leonardesca y  mirada delicada

Detalle de Santa Catalina donde apreciamos la escuela de Leonardo y la mirada delicada de la figura
Detalle de Santa Catalina donde apreciamos la escuela de Leonardo y la mirada delicada de la figura

La trascendencia artística de Santa Catalina se debe a que le sirvió a Yáñez de la Almedina para introducir en España el estilo leonardesco, como se refleja en el rostro y la sonrisa de la santa.

Se desconoce para quién fue pintada esta tabla. Sí se tiene constancia de que, ya en el siglo XVIII, fue comprada en Valencia a la familia Creixell por el grabador Vicente Peleguer. Pasó luego a la colección del marqués de Casa Argudín, quien la llevó a Cuba, y, tras su regreso a España, la conservó en su domicilio de Madrid.

En 1923 estuvo expuesta en el Museo del Prado, y en 1946 fue adquirida a los herederos del marqués de Casa Argudín por el Ministerio de Educación Nacional.

Fuente de algunos apuntes: Museo del Prado, Madríd, España.

La influencia de Velazquez en la obra de Franz von Stuck

Hija de Franz
Franz von Stuck (Alemania. 1863-1928) – Retrato de su hija Maria Von Stuck como Infanta de España, pastel sobre papel, 1885.

Franz von Stuck realizó a lo largo de su carrera numerosos retratos de su hija María.

Aparte de ser reflexiones íntimas de amor paternal hacia su hija, también fue como una exitosa  linea de productos de la época del pintor de Munich, debido a la alta demanda de imágenes de su hija María.

María era fruto de una relación anterior que tuvo Franz con una panadera llamada Anna Maria Meier.  Fue adoptada formalmente por franz y su esposa Mary Lindpainter luego que le fuera concedido el permiso por parte del principe regente bávaro.

Maria von stuck
Retrato de María von Stuck realizado por su padre en 1908, con traje de Menina de Velazquez y peinada como tal a la edad aproximada de 12 años

Estas dos últimas pinturas la representan a la edad de doce años con un traje de las Meninas de Velazquez que llevaba en una fiesta en 1908.

María hija de Franz
Otra obra de la hija de Franz con el traje de Menina de Velazquez

Franz pintó varias versiones de este retrato, incluyendo un retrato de la familia con su mujer y él en 1909, en la que María está con el traje de Menina. En medio de los dos.

Retrato de familia
Franz Von Stuck – Retrato de familia. 1909. Óleo sobre lienzo. 170 X 140 cm. Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica. Bruselas – Bélgica

 

Infanta Maria Teresa con traje de Menina
Diego Velázquez (Sevilla. 1599 – 1660) – Infanta María Teresa de Austria. 1653. Óleo sobre lienzo. 127 X 98 cm. Kunsthistorisches Museum, Vienna, Austria.
Diego Velazquez - Retrato de Marian de Austria con vestido de Menina negro
Diego Velazquez – Retrato de Marian de Austria con vestido de Menina negro
Diego Velázquez (Sevilla. 1599 - 1660) - Retrato de la  reina Marian de Austria con traje de Menina rojo. 1660. Kunsthistorisches Museum, Vienna, Austria.
Diego Velázquez (Sevilla. 1599 – 1660) – Retrato de la reina Marian de Austria con traje de Menina rojo. 1660. Kunsthistorisches Museum, Vienna, Austria.

José Casado del Alisal – Los dos Caudillos

Gonzalo Fernández de Córdoba ante el cadáver del duque de Nemours o también "Los dos caudillos
José Casado del Alisal (Palencia, 1832 – 1886) – Los dos caudillos. 1866. Óleo sobre lienzo. 256 x 382 cm. Museo nacional del Prado. Madrid, España. Cedido al Palacio del Senado.

También conocido como “Gonzalo Fernández de Córdoba ante el cadáver del duque de Nemours” el cual actualmente se encuentra en el palacio del senado.

Cuando Casado fue nombrado profesor de la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid estaba ejecutando este lienzo, presentado a la Exposición Nacional de 1866, consiguiendo una primera medalla.
Casado del Alisal logró con esta pintura un nuevo éxito tras su Rendición de Bailén . Reduciendo los personajes a los estrictamente esenciales para la narración, volvía a lo más puro del romanticismo pictórico. A esta tendencia contribuyen la situación de los protagonistas en primer término, la simplicidad del paisaje de fondo, el idealismo de los modelos humanos y la simplicidad de la composición, basada en la diagonal en que dispone las figuras.

El artista repitió en esta obra la estructura de un cuadro de tema idéntico realizado en 1835 por su maestro Federico de Madrazo, aunque algunas figuras como el paje con el cuerpo muerto delatan la influencia de la pintura del romanticismo francés.

Gonzalo Fernández de Córdoba ante el cadáver del duque de Nemours (detalle)
Detalle de la obra de José Casado del Alisal – Los dos caudillos, que representa al paje del Conde de Nemours sujetando a su señor en presencia del Grán Capitán. (Gonzalo Fernandez de Córdoba)

Historia:

Luis de Armagnac, duque de Nemours, cayó muerto de un tiro de arcabuz durante la batalla que el 28 de abril de 1503 mantuvieron las tropas francesas a su mando en la pequeña localidad italiana de Ceriñola, defendida por el ejército español a las órdenes de don Gonzalo Fernández de Córdoba, en una de las batallas más importantes ganadas por las tropas españolas enviadas a Italia por los Reyes Católicos para recuperar el reino de Nápoles, arrebatado por los franceses a la corona española. Al día siguiente del enfrentamiento, con las primeras luces del alba, el Gran Capitán recorrió con sus oficiales el campo de batalla, sembrado con casi 3.000 muertos y heridos. El general español encontró el cadáver desnudo de su enemigo y lo mandó trasladar a la iglesia de San Francisco de Barletta, donde fue inhumado con todos los honores de su rango.

Los dos caudillos (detalle)
Detalle de los dos caudillos en el cual se representa a Gonzalo con la mano sobre la crin de su caballo, mirando a su amigo el Conde de Nemours en la batalla de Ceriñola

En esta escena, Casado inmortaliza el reconocimiento y el respeto del general español vencedor hacia el valor del enemigo, derrotado y muerto en combate. El Gran Capitán ha descendido de su caballo para contemplar el cadáver del duque. El fiel paje que levanta la cabeza del vencido se dirige a don Gonzalo en actitud implorante. A la derecha encontramos varios oficiales españoles que contemplan el episodio desde sus caballos

Los dos caudillos (detalle)
Detalle de la obra “Los dos caudillos” que representa en primer término al Gran Capitán desmontado del caballo en señal de respeto hacia su adversario. Detrás a la derecha, se aprecian varios oficiales españoles que contemplan el episodio desde sus caballos

Casado emplea una diagonal para organizar la composición, arrancando desde la figura del paje arrodillado, continuándola con el caballo, la cabeza del Gran Capitán y las figuras de los generales. Otra diagonal arranca desde la esquina superior izquierda, dirigiéndose en profundidad hacia la zona contraria, acentuada por las figuras de los soldados que se dirigen al fondo.

Detalle de los soldados
Detalle de la parte superior izquierda de “Los dos caudillos” en el cual parte una diagonal desde la esquina superior izquierda, dirigiéndose en profundidad hacia la zona contraria, acentuada por las figuras de los soldados que se dirigen al fondo, con un gran juego de luces del amanecer.

El pintor ha reducido la escena a los principales personajes que aparecen en primer plano, simplificando el paisaje del fondo de suaves llanuras en las que se aprecian movimiento de tropas y lejano humo de incendios. Las influencias de Velázquez en los caballos y de los románticos franceses en los cadáveres siguen presentes en la obra de Casado, apreciándose ecos de Federico de Madrazo en el dibujo y el color.

El cuadro fue adquirido por el Estado en 1.600 escudos, siendo cedido años más tarde al Senado.

Fuente: Museo del Prado y Foros Xerbar.

Atte: Arsenal Le Comte Arts.

 

José Casado del Alisal – La rendición de Bailén

Casado del Alisal José - Rendición de Bailén
José Casado del Alisal – La rendición de Bailén. 1864. Óleo sobre lienzo. 338 x 500 cm. Museo del Prado. Madrid, España. Representación de la primera derrota de los ejércitos napoleónicos a manos de las tropas españolas, firmada en Bailén (Jaén) el 19 de julio de 1808.

Representación de la primera derrota de los ejércitos napoleónicos a manos de las tropas españolas, firmada en Bailén (Jaén) el 19 de julio de 1808.

Se trata de la obra más importante del pintor José Casado del Alisal y representa uno de los acontecimientos históricos de la historia de España: la primera victoria de las tropas españolas frente a los ejércitos franceses durante la Guerra de la Independencia.

La pintó en París en 1863 mientras disfrutaba de una beca de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para continuar sus estudios de pintura, donde Casado del Alisal pudo documentarse más fácilmente sobre los uniformes franceses.

Detalle de miliciano
Detalle del cuadro de José Casado del Alisal sobre la derrota de Bailén a manos de los españoles sobre las tropas de Napoleón, que representa a un miliciano apoyando su pierna sobre una pieza de artillería.

El cuadro es un ejemplo de cuadro de historia, un género pictórico muy en voga en el siglo XIX con figuras como el propio Casado del AlisalVicente LópezLa familia Madrazo y el grandisimo que según mi parecer considero el mejor exponente, Francisco Pradilla.

Casado del Alisal organiza la composición de la obra homenajeando al cuadro de historia más importante de la Historia del Arte en España: “La rendición de Breda” o “las lanzas”, de Diego Velázquez. Mostrándonos a la izquierda al ejército español al mando del general Castaños (1756 – 1852) y, a la derecha, a los vencidos franceses encabezados por el general Pierre Dupont (1765 – 1838).  Al fondo, el campo de batalla todavía humeante.

Rendición de Bailén - Detalle
Detalle de la Rendición de Bailén de José Casado del Alisal, en el cual vemos al General Castaños, aceptando la derrota francesa de mano del general Dupont.

 El cuadro nos muestra dos momentos distintos de la batalla: la capitulación y la ceremonia de la rendición en la que Dupont y sus soldados rendidos desfilan ante el ejército español.

El artista representa a ambos bandos uno a cada lado del cuadro encabezados por los respectivos generales al mando: a la izquierda el general Castaños lidera las tropas españolas y a la derecha el general Dupont hace lo propio con las francesas.

Rendición de Bailen - detalle
La rendición de Bailén – José Casado del Alisal.
Detalle de la obra que representa al general francés Dupont rindiéndose con los brazos abiertos al general Castaños

 El semblante de ambos generales lo dice todo: los franceses, Dupont y Gobert, altivos y orgullosos se rinden, abriendo sus brazos en señal de sumisión máxima, mientras el general Castaños muestra sus respetos al enemigo vencido.

A ambos lados de la capitulación grupos de soldados de cada ejército componen el primer plano de la composición. Tras ellos Casado del Alisal nos muestra una panorámica del campo de batalla interrumpiada únicamente por las banderas y estandartes que se interpretan como otro homenaje al cuadro de Velázquez.

En cuanto a la técnica, destaca la sólida base de dibujo y la gran calidad retratística, pudiéndose reconocer a todos los altos mandos representados.

Este cuadro fue adquirido para sí por la reina Isabel II. Alfonso XIII lo donó en 1921 al desaparecido Museo de Arte Moderno, desde donde pasó a las colecciones del Museo del Prado.